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La vida detrás de la mascarilla

¿Qué hay detrás de las máscaras que caminan con sorna por los pasillos del súper?

No logro adivinar las intenciones de la señora que se me adelantó para tomar el carrito que un policía estaba sanitizando. ¿Acaso esa mujer me conocía?

¿O vio en mí una pinta amenazante tras mi cubrebocas camuflado y mis lentes a lo Jackie Kennedy?

¿Qué oculta ella, qué oculto yo?

No conseguí traducir la virulencia de sus pasos corriendo para ganarme el carrito… Sus ojos no me decían mucho; eran unos ojos como de sesenta años, claros, un poco soñolientos.

Una cara sin nariz y sin boca es una cara incompleta, es la mínima expresión de un ser humano.

La salchichonería tiene una cruces pintadas en el piso.

Cada cruz está habitada temporalmente por un hombre o una mujer con mascarilla.

Los más sofisticados traen puestos casquetes con micas.

Parece que estoy metida en un cuento de ciencia ficción setentero.

¿Vienen ya los marcianos a atacarnos? Orson Welles ya no está para anunciarlo.

La joven de cabellos rojos con cubrebocas de neopreno negro va acompañada de un joven con cubrebocas tipo industrial. El de él parece una concha marina, el de ella un fragmento mal cortado de malla de ballet.

Se acercan más que los demás; son novios. ¿Se aman o no se aman?

Alcanzo a ver que ambos sonríen bajo el trapo, pero tampoco logro traducir la potencia de sus sonrisas.

En este nuevo mundo, si no sabes reír con los ojos, cualquier mueca puede mal interpretarse.

¿Cómo escuchan los amantes el rumor de su lujuria si tienen sitiada la boca?

¿Cómo olfatea el macho la explosión de feromonas de su presa con una nariz bajo arresto?

La pareja ha pedido a gritos un kilo de jamón de pavo extra light.

Es una pareja saludable. Se ve que ambos detestan el sabor del cerdo…

Camino de prisa para acabar pronto con mis compras.

El vendedor de cubrebocas me aseguró antes de entrar al súper que el que estaba llevando era de lo mejor; que no me haría sudar, que sería fresco, sin embargo, si hasta hoy no había percibido un síntoma real, comienzo a notar que me falta el aire y que puedo oler mi propio vaho.

Eso me repugna. ¿Cómo me atreví a besar así a mi hombre ayer noche?

Era domingo; comí ajos y cebollas a mansalva y tomé un cabernet sauvignon. Hoy soy mi propio verdugo gracias a mis excesos.

La gente nota mi molestia desde su sana distancia.

¿Qué podrán traducir en mis ojos?

Hoy lucen demasiado pequeños. Ayer me desvelé y por la mañana olvidé pintarlos, de hecho, llevo más de un mes sin pasarles rímel… lo que ha contribuido a una insólita pero conveniente forma de rejuvenecimiento. Pero olvidaba algo: nadie puede husmear en mi mirada porque traigo los lentes a lo Jackie Kennedy.

Una mujer sin boca, sin nariz y sin ojos es el esbozo de una mujer. Es un poco menos que la mínima expresión de un ser humano.

En las cajas se forman filas extrañas, kilométricas, porque cada quien debe pisar una cruz que está dispuesta a dos metros de la anterior.

Los que llegaron después de mí cachan mi nerviosismo y mi hartazgo en la forma que muevo las piernas. Las muevo de un lado a otro como meciéndome.

Yo en cambio observo a los que van delante: mascarillas multicolor que sólo dejan asomar miradas indescifrables.

¿Qué penas acarreará la chica de la bolsa Louis Vuitton?

El señor que está a mi derecha es una panza con ojos furiosos. Podría ser el perfecto asesino serial. Podría matarnos ahora mismo a todos y huir, con su mascarilla “Heavy Duty”, para evadirse.

La fila es lenta, más lenta de lo normal.

La cajera se ve harta, más harta que de costumbre.

Vivimos en un carnaval al que nadie nos invitó, y no es febrero.

Pero este carnaval no es festivo, más bien torvo.

Es el tiempo de los hombres solos, de las mujeres tristes.

¿A cuántos de mis vecinos me topé en este viaje al súper sin reparar en su presencia?

¿Qué nos dicen hoy las miradas?

¿Qué mensajes equívocos envían?

¡Cuánta falta nos hace la boca!, y otro tanto a nariz.

Sin embargo, hay algo que nos uniforma y que sí se puede traducir detrás de la máscara: el temor, en todos esos ojos extraños.

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