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¿POR QUÉ TODOS LOS RELOJES DE LA CIUDAD DE NAGASAKI SE DETUVIERON CUANDO CAYÓ LA BOMBA ATÓMICA?

El 9 de agosto de 1945, Nagasaki quedó en ruinas después del impacto de la segunda bomba atómica. Entonces todos los relojes se detuvieron a las 11:02.
‘Fat Man’ detonó a las 11:02. Fue el 9 de agosto de 1945, después de que un hongo atómico abrasador devastara por completo a su ciudad hermana, Hiroshima. El gobierno japonés todavía ni siquiera había terminado de entender la gravedad del asunto cuando otro evento igualmente catastrófico estalló sobre el cielo de Nagasaki. Cualquier intención expansionista de Japón perdió sentido: habían perdido la guerra frente a Estados Unidos. En ese momento, todos los relojes de la ciudad se detuvieron.
Los japoneses pensaron que, después de Hiroshima, no podría repetirse una aberración igual. Estaban equivocados. Después de cuatro años de enfrentarse contra Estados Unidos en Guerra del Pacífico, los Aliados tenían que ponerle fin a la Segunda Guerra Mundial pronto. Los desarrollos atómicos de destrucción masiva fueron la única alternativa a la que apelaron con este fin.

Así como sucedió con Hiroshima, Nagasaki quedó completamente devastada. Con un calor superior a los 4 mil grados centígrados, los edificios, la infraestructura pública y las personas se desvanecieron. A 76 años de distancia histórica, Michael Gordin, historiador especializado en ciencias físicas en la Universidad de Princeton asegura que Estados Unidos no dudó en utilizar toda su fuerza nuclear contra Japón en ese momento:

“La discusión entre los militares no era si la usarían, la pregunta era cómo la usarían”, explica Gordin para la BBC. “Y la forma más efectiva de usarla sería una que llevara a la rendición de Japón”.

Después de ver que Japón no se rendía, lanzar otra bomba atómica sobre Nagasaki pareció la salida más efectiva para ponerle un punto final al conflicto armado. A pesar de que la ciudad no estaba en la lista de objetivos ‘prioritarios’, la fisión nuclear de Fat Man —como se nombró al arma de destrucción masiva— se detonó a 500 metros del suelo.

La topografía de Nagasaki no es la más óptima para detonar una bomba nuclear. A pesar de esto, ese día, una bruma densa y pesada cobijaba a la ciudad para la que originalmente estaba pensada Fat Man: Kokura. En ese momento, era un punto estratégico, ya que era una zona industrial con terrenos relativamente planos. Así, la destrucción será más definitiva. La meteorología local tenía otros planes.

Fat Man tenía un mecanismo de implosión. Al interior, contaba con un reflector de neutrones, que le permitía aumentar la eficacia de la reacción en cadena. Así, el flujo de energía detonado por las ondas de fotones de plutonio 239 serían todavía más destructivas. Así como sucedió en Hiroshima, poco quedaría de la ciudad después de la explosión. A diferencia de Little Boy, ésta podría emitir la potencia de 21 mil toneladas de TNT.

Al recibir el informe del clima local, las fuerzas armadas estadounidenses decidieron desviar el objetivo para Nagasaki. El bombardero Bockscar, que transportaba la segunda bomba atómica, finalmente la dejó caer a las 11 de la mañana del 9 de agosto de 1945. Dos minutos más tarde, todos los relojes de la ciudad se congelaron.

Más potente que Hiroshima
Según los registros históricos que se conservan, la explosión fue más fuerte que en Hiroshima. Sin embargo, la orografía montañosa de Nagasaki no permitió que la destrucción se propagara con tanta intensidad. Las montañas detuvieron, en gran medida, la fuerza con la que la fisión nuclear devastó la ciudad.

Aún así, se calcula que entre 28 mil y 49 mil personas perdieron la vida debajo del hongo atómico. No fueron las únicas víctimas. Así como sucedió en Hiroshima, los sobrevivientes padecieron de quemaduras letales, que les garantizaron unos días de agonía interminables. Quienes no fallecieron inmediatamente después de Fat Man, lo hicieron algunos días después.

Los estragos de Hiroshima y Nagasaki persiguieron a las generaciones de personas que sí vivieron la tragedia. Cánceres, malestares en la piel, malformaciones en los fetos de las mujeres que estaban embarazadas: todas éstas fueron consecuencias de las bombas atómicas décadas después de detonadas.

Ese día, 40 % de Nagasaki quedó en ruinas. En un acto de memoria, el Estado japonés decidió no reconstruir algunas de las construcciones que se destruyeron en la tragedia. En Hiroshima, los fantasmas silentes de aquellos que la bomba destruyó permanecen en las calles, en forma de siluetas.

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