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Los Barbosistas (el Quién es Quién)

Con el morenovallismo en terapia intensiva —intubado, en coma inducido—, el único ismo que tiene vigencia en Puebla es el barbosismo.

Su origen hay que buscarlo en los últimos meses de 2017, cuando el entonces senador Miguel Barbosa Huerta llegó a Puebla dispuesto a enfrentar la madre de todas las batallas y, en consecuencia, ganar la elección por la gubernatura de Puebla en 2018.

La tarea no era nada fácil.

Se trataba de enfrentar al ejército electoral y financiero de Rafael Moreno Valle, que venía de ganar todas sus batallas desde 2006, cuando llegó al Senado de la República tras imponerse a quien fue su padre político: Melquiades Morales Flores.

No sólo le ganó a él.

También derrotó al marinismo, cuyo jefe político tenía en sus manos la gubernatura y una bomba de tiempo que terminó destrozándolo: el caso Lydia Cacho.

En ese contexto llegó el senador Barbosa a Puebla.

A lo primero que se enfrentó fue a un deshilachado juego de intereses al interior de MORENA: una cabeza de la Hidra, que, como en la mitología griega, era un monstruo de una cabeza que al cortársela le crecían dos cabezas.

Primero enfrentó la ambición desbordada de Fernando Manzanilla Prieto: aliado de día, enemigo de noche.

En esa dualidad esquizofrénica, Manzanilla alentó y guió a Enrique Cárdenas Sánchez, un desprestigiado ex rector de la Udla-Puebla que hacía las veces de titular de un centro de estudios dedicado a malgastar los ingresos de un fideicomiso.

Tras creer que Cárdenas sería el candidato —mentira urdida por Manzanilla y su Frankenstein—, Miguel Barbosa se retiró de la contienda.

Una vez que supo que esa trama era más falsa que el propio Manzanilla, regresó y cortó la cabeza de la Hidra.

Al monstruo, entonces, le crecieron dos cabezas.

Alejandro Armenta Mier tomó su propia ruta y creyó que podría disputarle el poder teniendo como aliado a Freddy Erazo, el abogado de un delincuente llamado El Grillo.

La otra cabeza de la Hidra respondía al nombre de José Juan Espinosa, quien, al estilo Manzanilla, le hizo creer a Barbosa que era su fiel aliado.

El tiempo puso a todos en su lugar.

Miguel Barbosa llegó a la gubernatura tras enfrentar a Moreno Valle, a Cárdenas, a Armenta, a Espinosa y a otras cabezas de la Hidra que fueron surgiendo en varios frentes.

Más tarde, ya en Casa Aguayo, cortó de nuevo la cabeza de Manzanilla, quien de aliado había pasado a convertirse, definitivamente, en enemigo.

Diecisiete meses después de que rindió protesta como gobernador del estado, Miguel Barbosa desmembró casi por completo al morenovallismo y lo metió a terapia intensiva.

A la par de esas acciones, metió a la cárcel a cerca de dos mil personajes que formaban parte de los más diversos núcleos de la delincuencia organizada en Puebla.

Dueño ya de la batuta y la partitura, el gobernador Barbosa encabeza lo que ha pasado a denominarse barbosismo.

Y aquí sobreviene esa duda que mata:

¿Quiénes son en realidad —y de a deveras— los barbosistas más comprometidos en la lucha cotidiana?

He aquí algunos nombres:

Gabriel Biestro, Javier Pacheco, Teresa Castro Corro, Rosa Urtuzuástegui, Raciel López Salazar, Florencio Madariaga, Olivia Salomón, Karina Pérez Popoca, David Méndez, Ricardo Velázquez, Héctor Sánchez, Yassir Vázquez, Verónica Vélez, Margarita León…

(Hay más, pero en esta entrega hablemos por lo pronto de ellos).

Biestro fue de los primeros en sumarse a su proyecto y ha sido el primer barbosista en el Congreso del Estado.

Su lealtad pasa todas las pruebas.

Algo más: está listo para enfrentar la elección que viene como virtual candidato de MORENA a la Presidencia Municipal de Puebla.

Javier Pacheco es algo más que un empresario barbosista: es amigo personal del gobernador.

Está con él antes de que iniciara el desfile de los búfalos.

Y sigue con él —junto con su esposa Araceli Morales—, permanentemente.

Doña Rosario Orozco de Barbosa, esposa del gobernador, ha contribuido notablemente en alimentar esas relaciones.

Doña Rosario, por cierto, es la barbosista número uno del estado.

Es, faltaba más, su brazo derecho, su compañera fiel.

En otras palabras: el tamiz que separa lo bueno de lo malo.

Rosa Urtuzuástegui, secretaria de Administración, acompaña a Miguel Barbosa desde sus tiempos en el Senado.

A su notable eficiencia suma la necesaria y natural lealtad.

Teresa Castro, secretaria de Finanzas, y Olivia Salomón, secretaria de Economía, son las recién llegadas al equipo, pero no por ello han dejado de ponerse fervorosamente la camiseta del barbosismo.

Una de las revelaciones ha sido Karina Pérez Popoca, presidenta municipal de San Andrés Cholula, quien comparte con el gobernador la mística y la pasión por cambiar las cosas.

A diferencia de Claudia Rivera Vivanco, presidenta municipal de Puebla, Karina conoce el peso de la palabra lealtad.

A Raciel López Salazar, secretario de Seguridad Pública, le ha tocado una de las tareas más complicadas: cambiar junto con el gobernador los números en materia de seguridad y enfrentar con eficiencia la guerra contra los grupos de la delincuencia organizada.

Florencio Madariaga es el enigmático abogado del gobernador Barbosa que se ha vuelto recipiendario de los ataques de un sector de la prensa.

Su eficacia, sin embargo, se mide con la vara de la tozudez y la estrategia jurídica.

Y aunque ha tenido que enfrentar enemigos enquistados en la Fiscalía General, se mantiene perseverante y tenaz.

David Méndez fue un beligerante vocero, en la primera campaña, y luego un eficaz coordinador general, en la segunda.

Su paso natural fue la Secretaría de Gobernación, que hoy ocupa.

Ricardo Velázquez y Héctor Sánchez, consejero jurídico y presidente del Tribunal Superior de Justicia, respectivamente, son otros dos baluartes en el seno del barbosismo.

Aunque hoy es subsecretario del Transporte, Yassir Vázquez es, también, un experto y eficaz operador electoral.

Cierro con Verónica Vélez Macuil, directora de Comunicación Social, y Margarita León, secretaria particular.

La primera es de las más cercanas al gobernador, al grado de que él la llama “hermanita”.

Ha estado con él en los momentos más duros, y a sufrido y gozado las consecuencias de esa cercanía.

Margarita, finalmente, también es de esas recién llegadas que se volvieron indispensables gracias a su lealtad y capacidad de trabajo.

Es cuanto.

La Lengua Venenosa del Yunque, representada en la persona del magistrado ultraderechista Roberto Grajales Espina, hizo caer en la trampa a la magistrada Margarita Gayosso al hacerle creer que puede llegar a la Presidencia del Tribunal Superior de Justicia, posición que se definirá al mediodía de este lunes.

Los enemigos más rabioso del gobernador Barbosa se han sumado a esta conspiración de opereta.

¿Nombres?

Uno por lo pronto:

El inefable y patético Alberto Miranda Guerra.

Como es su costumbre, los conservadores buscan ahora desestabilizar una de las instituciones más serias y confiables.

Con Roberto Grajales a la cabeza de la embestida, salieron de terapia intensiva —intubados, en coma inducido— para usar a la magistrada Gayosso como instrumento perverso de sus fobias.

Uno de esos personajes ya celebra de antemano la revuelta.

Lo peor para ellos es que está soltando nombres.

Y hasta la trama completa, misma que ahora conoce el hipócrita lector.

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